ESPAÑA DEL 36: DE REVOLUCIÓN, REVUELTA E INSURRECCIONES (Contra TYoda Autoridad #3)

ESPAÑA DEL 36: DE REVOLUCIÓN, REVUELTA E INSURRECCIONES.

El hilo negro que atraviesa nuestra historia.

Variados son los temas que se pueden extraer de la experiencia de España de 1936, lecciones y lecturas que a casi 80 años de lo sucedido pueden contribuir a nuestra praxis de revuelta y destrucción del dominio en todas sus formas y de aquellos/as que lo defienden.

Comúnmente, dicha experiencia es recordada desde la óptica del Anarquismo Plataformista o desde visiones reformistas. Hoy nosotrxs lo hacemos con una clara perspectiva antiautoritaria insurreccional, para que los sucesos que fueron marcando esos años de conflicto abonen con sus experiencias la tierra negra sobre la cual vamos caminando.

Nuestro posicionamiento entonces no viene desde la historiografía o el fetiche al/la milicianx “heroicx”, sino que desde una memoria negra que trae hasta la actualidad la sincera entrega de hombres y mujeres insurrectxs que lucharon contra toda autoridad, porque sus gestos, decisiones, negaciones y afirmaciones de vida nutren nuestro presente y futuro en revuelta.
Los sucesos desde la  España del ’36.

Desde la década del 30 en España se vivía un proceso de conflictividad social, alzamientos, sublevaciones e insurrecciones con un evidente protagonismo anarquista que abogaba por la destrucción de la relaciones sociales autoritarias impuestas y reproducidas por siglos: desde la  colectivización de tierras y fábricas, revolución en las formas de enseñanza, las creencias, costumbres, relaciones socio afectiva y la construcción una vida libre organizada en horizontalidad, hasta ataques con dinamita contra iglesias y cárceles con prácticas de guerrilla anarquista como parte de la destrucción del Estado y de toda autoridad. Todo ello denominado en ese tiempo como como parte de la “revolución social anarquista” o “comunista libertaria”.

Diversos alzamientos anticipaban lo que posteriormente vendría, procesos en que la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la Federación Anarquista Ibérica (FAI) jugaron un importante papel dentro de este proceso al propagar el ideal de vida ácrata y abogar por la destrucción de la burguesía, del Estado y el capitalismo.
Los sectores reformistas democráticos y del comunismo estalinista miraban con bastante recelo la participación e influencia del anarquismo en las luchas obreras y en las distintas instancias de participación política. La república democrática española instaurada  en 1931 y los sectores políticos tanto de derecha como izquierda asesinaron, persiguieron y encarcelaron a miles de anarquistas en pos de asegurar el orden social y su autoridad; hacia 1936 más de 30. 000 anarquistas copaban las cárceles de la república.

La CNT: Del boicot electoral a la alianza con la social-democracia.

“Ningún Gobierno lucha contra el fascismo para destruirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se les escapa de las manos, alzan al fascismo para mantener sus privilegios”.  (Durruti)

1936 fue un año de elecciones y las distintas fuerzas políticas quisieron asegurar su poder. Las fuerzas de izquierda se alinearon en torno al llamado Frente Popular, conformado por políticos y capitalistas liberales. Los dirigente de la CNT, apartándose de toda la tradición de lucha y boicot anti electoral de la anarquía, asistieron a las urnas – a cambio de una supuesta promesa de excarcelación de presxs anarquistas- y dejaron en sus militante la decisión de votar o no votar,  lo que en la práctica fue un apoyo encubierto al Frente Popular, el cual resultó victorioso por sus alianzas con los sectores obreros.

En dicho contexto, de reformas liberales llevadas a cabo por el Frente Popular, lxs anarquistas intensificaron sus experiencias transformadoras más allá de lo permitido, colectivizando tierras y poniendo fábricas bajo control obrero de acuerdo al ideario anarcosindicalista propio de la CNT, organizando comités de higiene, salud, y alimentación, así como también abriendo espacios anarquistas (ateneos) y centros de difusión ácratas.

Viendo sus intereses peligrar, los sectores más conservadores y poderosos de la Península Ibérica (terratenientes, militares, clérigos), fraguaron un intento de golpe de Estado en julio de 1936, con el general Francisco Franco a la cabeza, para descabezar al gobierno del Frente Popular pero ante todo para frenar la revolución anarquista en curso.

Una vez desencadenado el golpe fascista, hombres y  mujeres se arrojaron a las calles para frenar a los militares y defender la revolución: se organizaron  milicias y columnas anarquistas bajo el principio de la horizontalidad, sin jerarquías, rangos ni especialización  propia de la estructura militar convencional.

Con el paso de los días, algunos/as dirigentes de la CNT ingresaron al gobierno ocupando cargos ministeriales, bajo la justificación de “ganar la guerra contra el fascismo”. Sin embargo, tal visión y decisión favoreció el declive del proceso revolucionario anarquista. Desde sus sillones en el poder la cúpula de la CNT levantaba proclamas y directrices para contener el desborde revolucionario, llamando a defender la República, enfocarse en detener el avance del fascismo y ganar la guerra.

Un quiebre importante entre quienes deseaban defender, extender y profundizar la revolución y quienes llamaban a defender al gobierno y enfocarse en el objetivo inmediato de la guerra contra el fascismo, se dio en octubre de 1936 al aprobarse un decreto que obligaba a desarmar y desarticular las milicias autónomas, para militarizarlas con un control estatal y centralizado. Los dirigentes de la central anarcosindicalista llamaron a sus militantes a dejar las armas y volver a producir en campos y fábricas, así como también llamando a las mujeres a dejar la primera línea de fuego en las barricadas y ocupar roles secundarios en la retaguardia.

El quiebre se agudizó en 1937, al ser asaltada en Cataluña el edificio de la Teléfonica, que estaba bajo el control de lxs anarquistas. Los policías del gobierno, al mando de un estalinista, exigían que el control de las comunicaciones estuviera a cargo del Estado. Se inició así un enfrentamiento que se extendió por toda la ciudad. Y mientras la CNT llamaba a volver al trabajo, restaurar la paz y dejar las armas, grupos como “Lxs Amigxs de Durruti” llamaban con su propia praxis armada a desobedecer a los/as dirigentes y potenciar la acción autónoma y ofensiva contra el fascismo, pero también contra el Estado y el gobierno del Frente Popular, apuntando su propaganda y acción también en contra de los/as traidores/as dirigentes de la CNT.

En medio de este contexto de desarticulación de toda iniciativa autónoma, las fuerzas estatistas del comunismo estalinista propagaron la represión contra lxs revolucionarixs y el desarme de las milicias autónomas para luego, con el armamento suministrado por la Rusia Soviética, ganar prestigio en la guerra y situarse a la cabeza del proceso, desencadenado la persecución y muerte hacia mujeres y hombres revolucionarixs. Finalmente, con la CNT expulsada del gobierno y otras organizaciones declaradas ilegales, el ejército republicano se rindió en 1939 ante el avance fascista, iniciándose la larga dictadura de Franco que duró hasta mediados de la década del 70.

Aprendizajes de guerra y revolución

A pesar de la tregua concertada, el espíritu de las jornadas que acabamos de vivir continúa en pie. Se ha cometido el error grandioso de dar tiempo al adversario de reforzar sus posiciones (…) No se ha sabido atacar a fondo, ni ha existido una coordinación de esfuerzos en el terreno insurreccional (…) Estemos atentos a los acontecimientos que se avecinan. No desmayemos. Mantengamos una sólida moral revolucionaria. No olvidemos que nos estamos jugando una carta decisiva. No nos dejemos alucinar (…) Camaradas, no desfallezcáis”. (Lxs amigxs de Durruti)

La revolución española, con sus insurrectxs e incontroladxs protagonistas, pero también con el rol reformista jugado por lxs dirigentes de la CNT, nos muestra que el combate no solo debe darse contra el “fascismo” sino que contra toda forma de poder, por la recuperación de la vida a través de la organización autónoma y el ataque a cualquier autoridad. No se trata entonces de un mero enfrentamiento bélico o una guerra entre aparatos militares. No hablamos solo de guerra, sino que también de revolución.

La experiencia española muestra hasta qué punto se puede revolucionar la vida, rompiendo en la práctica con los dogmas y valores del poder.La experiencia de los grupos de combate minoritario, las células de ataque con prácticas de guerrilla urbana, las milicias desjerarquizadas, desafiantes y autónomas frente a las cúpulas dirigenciales, la horizontalidad en las relaciones cotidianas, la colectivización de la tierra, la comida y el saber, la activa participación de las mujeres en la lucha insurreccional, las columnas internacionalistas, los espacios anarquistas, la abolición de la propiedad, la lucha anticlerical con ataques y saqueos destructivos contra sus centros de opulencia y control social, inflaman el orgullo de ser parte y continuadorxs de un vendaval antiautoritario que sabe persistir contra todo pronóstico adverso y derrotista.

De estos años en combate van quedando profundas enseñanzas para las nuevas generaciones ácratas, pues la memoria negra sabe extraer ese conocimiento y aplicarlo en la actualidad, más allá de épocas, “contextos diferentes” o distancias geográficas.

Así, tenemos la claridad de que no buscamos defender ni perfeccionar la democracia contra el fascismo o una dictadura sino que vamos a por el todo, buscando con cada esfuerzo la liberación total, la vida sin jerarquías ni dominación, la revolución contra toda autoridad que integra cada aspecto de la vida atacando con prácticas diversas a la autoridad, a su cultura, religión y organismos represivos.

No se trata de tomar el poder sino que de destruirlo.  Esta es la base sobre la cual vamos dando nuestros pasos.

El rol de los dirigentes y de las alianzas ayer y hoy

“Somos conscientes de la importancia de establecer alianzas, el asunto es con quién. La Historia ha dejado en claro las consecuencias nefastas que han significado para lxs anarquistas alianzas con grupos autoritarios y/o a favor de la política institucional, los que siempre se inclinarán por el Poder aplastando finalmente cualquier iniciativa libertaria (…) El ceder en aspectos éticos importantes ha dado como resultado, entre muchas cosas, el ir cada vez más a remolque de movimientos izquierdistas, ciudadanos y demócratas con lo que nada tenemos que ver, ellos sostienen el Poder que nosotrxs intentamos eliminar de nuestras vidas. La confrontación es inevitable, es necesaria para el crecimiento político. ¿De qué forma nos diferenciamos de quienes defienden y refuerzan el actual sistema imperante? Con nuestros actos y su coherencia”.
(“Frente a la represión no todo vale”. Texto de lxs compañerxs Mónica Caballero y Francisco Solar, anarquistas presxs en España)

Quien desprecia el poder no lo avala integrándose al gobierno en sus ministerios, defendiendo el germen vertical, la burocracia y la lógica de la organización como fin en sí mismo.

Lamentablemente, amplios sectores anarquistas de aquellos años no rompieron con la lógica dirigencial, generando cúpulas y posiciones de poder. El despreciable rol del/la dirigente, siempre ejerce un rol negociador, manipulando y controlando los conflictos, para generalmente apaciguarlos y desmovilizando para mantenerse a la cabeza de los procesos de lucha.

Pero así como hubo este tipo de actitudes miserables, también hubo entregas sinceras, voluntades de cientos de personas que aun perteneciendo a organizaciones que iban pactando con el poder, decidieron no sucumbir ni transar y se mantuvieron leales en sus valores y convicciones sin dar ni un paso atrás.

Quien pacta con el poder en el presente, pensando en una futura “libertad”, solo cava su propia tumba.

Cuando hablamos de “revolución traicionada”, hablamos precisamente de esos sucesos donde mientras el gobierno disparaba, masacraba o asesinaba a compañerxs, los/as dirigentes del CNT se encerraban en sus gabinetes de “ministros/as anarquistas” llamando a la paz social y la “vuelta a la normalidad”.

Estalinistas y marxistas hicieron “lo suyo”, jugando su propio juego, velando con sus intereses autoritarios y comportándose tal y como lo habían hecho ya en Rusia en años previos y en diferentes momentos luego a lo largo de la historia. No nos traicionan sus actos, ni el armamento rojo que disparó contra lxs insurrectxs, sino que es lo esperable cuando se lucha unidxs en un “bando” con dichas posturas. Traicionan la praxis anárquica, tanto hoy como ayer, quienes diciéndose ácratas, tranzan/negocian sus valores antiautoritarios, deformando acomodaticiamente aquello que dijeron ser.

Se traiciona el proceso revolucionario cuando se traicionan y tranzan los valores que le dan sentido y coherencia a las ideas anárquicas. Muere el proceso revolucionario cuando se es capaz de sentarse a la mesa con quienes defienden, avalan y persiguen el poder.

En España, el pacto con las fuerzas democráticas, con los representantes del poder, fue el germen para sofocar el fuego insurreccional, de ahí la importancia de reflexionar también críticamente sobre la estrategia de establecer alianzas con personas y organizaciones contrarias al espíritu antiautoritario.

Porque la memoria no es basura y la sangre no es agua.

La historia del 36 ha sido modificada y utilizada por la historia de los/as poderosos/as defendiendo “los logros del bando democrático” para validar el orden institucional actual. A lo largo de los años, se ha intentado “descontaminar” la historia de sus ribetes insurreccionales y revolucionarios, algo a lo que también han contribuido grupos izquierdistas y anarco-reformistas de diverso tipo, priorizando el recuerdo de las grandes organizaciones anarcosindicalistas y su lucha por el “control obrero” antes que la acción autónoma y la crítica al rol dirigencial.

Por lo anterior, hemos creído necesario destacar la voluntad insurrecta, la energía destructora/creadora existente en aquellxs compañerxs que decidieron arrojarse a destruir por completo el orden impuesto, con sus relaciones, sus normas y sus códigos para empezar a construir en el presente la negación al mundo de la autoridad.

También nos interesa no borrar de la memoria el rol nefasto de las dirigencias, que con su política de alianzas solo consiguieron afianzar la derrota militar e integral de la revolución y la destrucción de lo existente.

Nuestra forma de organizarnos es el espejo de la vida que queremos construir, vemos ese reflejo en las formas en las que nos relacionamos y activamos. No esperamos a futuro, al “por venir”, le damos vida a nuestras ideas desde ahora.
Con esto, no hacemos con un llamado a aislarnos, a reducir y negar la creación de redes de lucha. Nuestro llamado es precisamente a lo contrario, a conectar grupos de afinidades en conflicto con lo existente.

Lo importante siempre es, independientemente de quién esté a nuestro lado, no dejar de ser quiénes somos, enemigxs de toda forma de poder y autoridad, ni dejarse seducir por la consigna facilista de unirnos contra un “enemigo común” luchando contra “un mal gobierno” o a través de amplias alianzas anti represivas o incluso anti carcelarias, compartiendo instancias/acuerdos/acciones con quienes a cada momento van afilando los cuchillos a nuestras espaldas y construyen posiciones de poder que nosotrxs buscamos destruir.

La lucha por la liberación total no se potencia asociándonos con sectores reformistas o autoritarios, muy por el contrario, así auto saboteamos cualquier avance en ella, pues en cuanto se agudiza el conflicto y se desborde la legalidad o la estabilidad democrática, quienes buscan insertarse en este mundo y su decadencia no tardarán ni un segundo en aplastarnos, entregarnos, abandonarnos o vendernos, para preservar y garantizar su seguridad dentro del orden establecido.

Una vida libre de autoridad no la encontraremos ni construimos en ningún frente amplio, en ninguna alianza con el reformismo ni en ninguna “nueva sociedad”.
Y aquella enseñanza grabada a fuego tras el combate revolucionario en España, continúa hoy siendo la idea que como brújula va orientándonos en el camino.
A 79 años de la revolución en España, inflamamos con experiencias insurreccionales del pasado nuestro fuego contra la dominación en el presente.

¡Siempre antiautoritarixs, autónomxs, negrxs, horizontales, desjerarquizadxs, orgullosxs, dignxs y en pie de guerra!

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