Sin miedo a expresar quiénes somos. Algunas consideraciones sobre la idea del “bajo perfil” en territorio chileno. (Contra Toda Autoridad #2)

Sin miedo a expresar quiénes somos.
Algunas consideraciones sobre la idea del “bajo perfil” en territorio chileno.

La seguridad no es de importancia primordial (…) Si fuera así, la acción más exitosa sería estar sentado en el sofá (…) así es la lucha. No hay ninguna certeza ni garantía de seguridad. La insurrección anarquista permanente en el núcleo de su actuar contiene lo de “vivir peligrosamente”.
(Conspiración de las Células del Fuego, Grecia)

 

La tensión y la oposición de ideas sin duda que también se da entre quienes ya visualizan al poder como un claro enemigo. Contraponer miradas y proyecciones no nos debilita, por el contrario, nos alimenta y fortalece aportando a nuestro crecimiento como guerrerxs.

Como grupo afín detrás de esta revista, asumimos la importancia de propiciar la circulación de debates entre compañerxs. Por eso en este escrito queremos reflexionar sobre una idea con la que hemos tenido que interactuar en más de alguna ocasión en nuestro entorno de lucha. Se trata de la idea del “bajo perfil.”

 
¿A qué llamamos “idea del bajo perfil”?

 
Aun cuando esta idea no se ha conceptualizado o se desplegado teóricamente, en la práctica nos hemos encontrado con una “postura del bajo perfil”, desde la cual básicamente se defiende la idea de no hablar en público sobre la anarquía o también no acercarse a ciertos espacios o compañerxs bajo el motivo de que en torno ellxs “rondaría la represión”.

 
Junto con la idea de tratar de “pasar piola” o pasar inadvertidxs para el poder, usualmente quienes levantan esta postura se convencen a sí mismxs – y hace ver a lxs demás- de que su opción es una elección superior, más madura y más radical.

 
Por lo menos en que respecta a nuestra experiencia en este territorio, en el andar insurrecto nos hemos podido dar cuenta que desde esta postura se suele criticar, por ejemplo, la supuesta “sobrexposición” de otrxscompañerxs, ya sea porque tienen un presente combativo a pesar de causas judiciales o encarcelamientos anteriores, o simplemente por su estética o porque son compañerxs que desde una perspectiva de confrontación anárquica multiforme participan de instancias “abiertas” de lucha organizando actividades por lxscompañerxs en prisión, asistiendo a conversatorios y foros informativos, creando proyectos editoriales, construyendo bibliotecas y espacio autónomos en lucha. Se critica al fin y al cabo a compañerxs que colectivizan la tensión anárquica de manera abierta o “pública”. Así, desde la “ideología del bajo perfil” se plantea que la no interacción con este tipo de entornos nos mantiene alejadxs de la represión.

 
Sin embargo, en nuestro contexto, esta idea no surge como parte de una propuesta elaborada en defensa de una opción clandestinista, sino que más bien -según hemos percibido- se ha expresado principalmente como una respuesta a los golpes de la autoridad, como una excusa ante la presencia y avance de la represión.

Una postura de poca proyección combativa.

Claro está que desde el “bajo perfil” puede ser más fácil moverse frente a la represión, pero es importante visualizar las consecuencias negativas de esta postura de la manera en que suele presentarse. Lo primero es que en el intento por alejarse de la represión, quienes levantan esta postura también se alejan de los espacios donde se visibiliza el discurso/acción Anárquico Antiautoritario, transformándose en individuxs que solo hablan desde el anonimato. Esto tiene como consecuencia la falta de intercambio de ideas con otrxscompañerxs, propiciando el estancamiento por la falta de tensión y retroalimentación y poniendo límites a las proyecciones dentro de la ofensiva anárquica al encapsular el radio de acción a una esfera específica que no va más allá del propio individux y su grupo afín.

Por tal motivo, la postura del bajo perfil, planteada como forma única y superior de lucha, representa un freno para la propagación de la lucha anárquica y la interacción directa con compañerxs más allá de nuestras afinidades más próximas, favoreciendo la falta de comunicación, la no retroalimentación y la caricaturización y aislamiento de otrxs compas por su estética o por los espacios de lucha que frecuentan, quitando terreno a algo imprescindible en la ofensiva antiautoritaria como lo es la comunicación y diálogo directo entre compas y grupos afines que debaten y comparten ideas y experiencias variadas de confrontación con el poder.

Por otro lado, la postura del “pasar piola” o pasar inadvertidx, junto con plantearse como una opción superior, suele coquetear muchas veces con la idea del “anonimato total” de las ideas anárquicas en la vida cotidiana, pensando que el peligro a “funarse” estaría en todos lados. Esto tiene como consecuencia directa el que la vida y el tiempo de quienes levantan esta idea terminan desarrollándose mayoritariamente en torno a actividades funcionales a la sociedad (estudiantes que estudian, trabajadores que trabajan y jóvenes que se divierten superficialmente) sin cuestionar el orden social públicamente porque “podría ser peligroso”. El enfrentamiento con el poder y su normalidad en estxsindividuxs queda reducido entonces a una expresión mínima durante esporádicos combates callejeros, durante manifestaciones programadas por otrxs o acciones nocturnas en fechas específicas del calendario. Finalmente, se termina contribuyendo a la reproducción de una vida sistémica sin mayores tensiones, validando la comodidad y (auto) silenciamiento de las ideas.

Nos preguntamos cuánto hay realmente de una decisión de guardar silencio en función de no ser advertidx por la mirilla cazadora de la represión y poder así transitar con calma el terreno de la conspiración, o cuánto en verdad lo que realmente se privilegia es la comodidad de la vida lejos del conflicto permanente, en donde 360 días se puede tener una vida completamente sistémica/capitalista y luego contentarse con romper esta norma confrontando al poder los 5 días restantes del calendario.

Finalmente, otra consecuencia propia de ver la idea del bajo perfil como una incuestionable opción superior de lucha, es la dinámica que se produce ante el avance de represión. Bajo la lógica del “no funarse” o pasar inadvertidx, es prácticamente un suicidio hablar y defender nuestras ideas en el cotidiano y, por supuesto, con mayor razón en tiempos de avance represivo. Como si las posiciones ácratas fueran casi como un tesoro que debe esconderse incluso ante nuestro propio reflejo en el espejo u ocultarlas a la luz del sol. Por eso, cuando acecha o se extiende la represión, la ideología del bajo perfil favorece el hecho de que el poder avance sin freno, que no encuentre oposición que dificulte su embestida. Con su permanente omisión y mimetizaje con el/la ciudadano/a promedio, el que lleva a la práctica la idea del bajo perfil posibilita que el enemigo vaya ganando posiciones, porque no levanta traba alguna poniendo como excusa la seguridad y el anonimato.

La ideología del bajo perfil al interior de las prisiones.

“(…) Sabemos que nada es fácil. Todo tiene su precio. La insurrección anarquista permanente esconde en sí un precio contradictorio. Todos nosotros que elegimos vivir dentro de las llamas mientras amamos la vida, estamos flirteando intensamente con la muerte y a la hora de lucha por la libertad a menudo caemos presos.Este es el precio de la lucha. Por esto, antes empezar a quemar los puentes detrás tuyo y optar por la nueva guerrilla urbana anarquista, tienes que tomar ciertas decisiones. Decisiones conscientes y no unos impulsos de adrenalina. Porque si la represión golpea la puerta, cada uno y una debe que estar conscientemente preparado y decidido. Desgraciadamente, en algunos casos podemos comprobar, con pena y rabia, que las personas que hasta ayer has llamado “hermanos” y con quienes has compartido el asalto al cielo, ahora agachan la cabeza y mendigan por sus derechos legales ante el Poder. Aquí nos gustaría subrayar una cosa. Nuestra decisión de no mostrar ningún atisbo de remordimiento y burlarnos de las autoridades judiciales no tiene nada que ver con la mentalidad de un héroe o mártir santo que se sacrifica por el “bien de la revolución”.

Conspiración de las Células del Fuego, Grecia.

El terreno carcelario impuesto por el poder, también ha sido un escenario en donde la postura del bajo perfil se ha manifestado.

Al interior de las prisiones, la reproducción de esta idea tiende a hacer pensar que la cárcel marcaría el fin del camino revolucionario, o que para salir de ella cuanto antes es preferible no emitir declaraciones públicas o expresarse en ellas con un lenguaje ciudadano más parecido a una carta de denuncia ante organismos de derechos humanos que a un comunicado dirigido a un entorno de confrontación con el poder. Algunxs incluso creen que las vinculaciones con algunas ideas o compañerxsanárquicxs les perjudicarán judicialmente y por ello no quieren ni propaganda ni vínculos en guerra. Otrxs, no solo guardan silencio, sino que además acusan de “querer figurar” a prisionerxs que expresan públicamente sus posiciones. Los más lamentables, son los casos de prisioneros “anarquistas” que declaran y reconocen los hechos y los pormenores de sus acciones ante jueces y fiscales – creyendo así resolverlo todo de la forma más abreviada posible para lograr una pronta salida a la calle-, pero ante los compañeros de lucha guardan un eterno silencio público dejando un enorme manto de dudas, confusiones y suposiciones sobre su posicionamiento político y sobre los hechos por los que se les acusa.

Pero no nos engañemos, históricamente lxsantiautoritarixs han defendido sus ideas ante sus compañerxs y ante el enemigo, que no es lo mismo que asumir acusaciones ni hacerse cargo de los delirios del poder. Por lo demás, no es cierto que la obediencia o el “personaje” de individuo manso salve a alguien de la prisión.

En diversos momentos y lugares, lxsantiautoritarixs han tomado la palabra desde los pasillos carcelarios o desde la sala de un tribunal para reivindicar sus ideas, propagando así el conflicto, la insumisión y la entereza, reconociéndose como parte de la lucha anárquica ante el conjunto de compañeros, y no solo ante sus amigos o seres más cercanos. Dentro de esto, un comunicado con las posiciones combativas de un compañero preso que pueda llegar a todas partes del mundo (por ejemplo a través de medios informativos anárquicos) es gran aporte, mucho mejor que algún escrito leído solo ante el grupo de amigos o en una actividad concreta a la que asista un número específico de personas.

Es cierto que el poder se ensaña más con lxsinsumisxs que no se doblegan en su voluntad de dignidad y combate, pero si alguien no está dispuestx a sostener una propuesta de confrontación permanente y asumir la venganza del poder, es recomendable que cuestione la autenticidad de su discurso pues, o no arrojamos al enfrentamiento asumiendo las consecuencias, o mejor tomamos rumbo hacia opciones menos riesgosas.

Cara a cara con el enemigo….en la calle o en la jaula, siempre fuertes propagando la confrontación contra el poder.

No buscamos solo unos cuántos momentos de caótico desahogo frente a la normalidad y el orden impuesto. Buscamos y activamos un hacer/vivir/sentir de manera anárquica, donde cada aspecto de la vida es el reflejo de la permanente construcción y enraizamiento de nuestros valores en guerra con el poder. El problema no es si se va o no actividades, el problema es criticar desde una posición de superioridad tales iniciativas, a quienes asisten y a quienes las levantan.

Por eso combatimos no solo las estructuras y guardianes de la dominación, sino que también -y de manera continua-combatimos su ideología y las corrientes de pensamientos que permiten su desarrollo sin mayores obstáculos.

Así entendemos la guerra, como enfrentamiento continuo en que no hay lugar para las licencias o tiempos muertos, asumiendo que el combate es frontal y hasta el final, con eterna proyección de conflicto y conspiración. Por eso si la represión nos caza, jamás nos aniquila y la frase “nada ha acabado” cobra sentido y razón en cada aliento de rebelión que se mantiene en alza aun en el interior de las jaulas.

Criticar la “idea del bajo perfil” no quiere decir que llamemos a revelar a todo el mundo nuestra opción por el enfrentamiento con el poder o ser descuidados hablando de nuestra actividad revolucionaria con cualquier persona. Lo que se trata es de no falsearse a uno mismo, de no dejar de propagar un posicionamiento de vida en lucha por la libertad total y de no jerarquizar opciones de lucha y apostar por el diálogo fraterno entre prácticas que forman parte de una misma ofensiva.

Por eso son importantes la tensión permanente y la autocrítica constante, para no caer en excusas o discursos que justifiquen la comodidad o se revistan de arrogancia para aminorar o banalizar los esfuerzos de otros compañeros de la misma ofensiva.
En el infinito abanico de posibilidades que ofrece la praxis anárquica, de nada vale jerarquizar formas de lucha. Lo que aporta es fomentar la comunicación y la retroalimentación entre grupos afines, reconociéndose en una misma realidad de confrontación en busca de libertad transitando diversos senderos como protagonistas de la ofensiva contra toda forma de autoridad.

El llamado es a tomar las decisiones en función de nuestras proyecciones y perspectivas y no por las jugadas de la represión, entendiendo íntegramente el peso de nuestras decisiones, asumiendo ser protagonistas de nuestra historia y haciéndonos cargo también del respeto a lo entregado por otrxsantiautoritarixs del pasado y del presente.

Porque no todxs tenemos que estar en todxs lados, pero sí reconocernos como parte de una misma lucha.

Fraternidad y diálogo entre las diversas elecciones de la ofensiva antiautoritaria. Asedio y hostilidad permanente contra toda forma de poder.

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