Continuo de represión y lucha durante los últimos años (Septiembre 2014 #1)

Fragmentos de un historial represivo

La configuración del enemigo interno por parte del Estado Chileno tras su reacomodo democrático ha sufrido distintos cambios, matices y reinvenciones por parte de lxs poderosxs y de las policías de inteligencia destinadas a frenar a quienes han declarado la guerra al Estado y toda autoridad.

La DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) y CNI (Central Nacional de Inteligencia) de los 70 y 80 dan paso a La Oficina en la década de los 90 que a su vez fija su continuidad con la creación de la ANI (Agencia Nacional de inteligencia) durante la década del 2000, mientras en paralelo, y como continuo represivo, los organismos de la DIPOLCAR (inteligencia de Carabineros) y BIPE (inteligencia de la Policía de Investigaciones) continúan imparables operando en su actuar anti-insurgente hasta nuestros días.

Desde la década del 2000 en adelante, una serie de ataques explosivos, incendiarios y prácticas de violencia ejercida por parte de grupos e individualidades anarquistas comienzan a configurar la noción de “Enemigo Interno”, en conjunto con los comunerxs mapuche que han decidido recuperar sus tierras y sus vidas en abierto enfrentamiento con el Estado Chileno.

Ya en el año 2006 el poder comenzaba a visualizar como una amenaza la continuidad, insistencia , intensificación y expansión ataques explosivos que con los años se extendieron por el territorio chileno, por lo que la administración represiva comenzó ya desde el año 2008 a designar fiscales exclusivos para agrupar y llevar adelante las causas por colocación de artefactos explosivos. A la par, acciones de lucha callejera se desarrollan con bastante frecuencia y por la prensa se muestra también a la figura del encapuchado como un objetivo a atacar y perseguir. En paralelo, se desarrollan y potencian una diversidad de colectivos, okupaciones y centros sociales que difunden ideas y prácticas antiautoritarias, los que con el correr de los años comenzaron a ser vigilados y hostigados por el poder.

En ese contexto (2006-2008), las campañas comunicacionales del poder trataban de identificar sospechosxs de los ataques explosivos y sus vinculaciones, hasta que se produjo la lamentable muerte del compañero anarquista Mauricio Morales el 22 de Mayo del 2009 cuando transportaba una bomba en las cercanías de la Escuela de Gendarmería, desatando la alegría de las policías y fiscales que en sus festejos dan nuevos aires a la investigación vinculando los ataques con las okupaciones y centros sociales antiautoritarios.

En junio de 2009, el proceso investigativo ya contaba con una orden de detención sin concretar contra el compañero Diego Ríos por posesión de explosivos, y una condena remitida contra Cristian Cancino por posesión de pólvora durante un allanamiento posterior a la muerte del compañero Mauricio Morales, suceso tras el cual hubo un cambio de fiscal en un actuar desesperado por encontrar responsables.

Fijando plazos y desatando una nueva cacería -esta vez al mando de la Fiscalía Sur-, en Agosto del 2010 se realizaron masivos allanamientos y detenciones por el llamado “Caso Bombas”. La maniobra de la policía y los fiscales comenzó con 14 detenidos y una compañera prófuga, de los cuales 10 quedaron en prisión, finalmente solo 5 fueron a juicio siendo absueltxs el año 2011. Pero aun cuando el proceso legal no consiguió codenas judiciales, sí logró generar una ola de amenazas y un clima de miedo en entornos anárquicos.

La represión continuó engullendo compañerxs a las cárceles el año 2011. El compañero Luciano Pitronello cayó gravemente herido tras la accidental detonación del artefacto explosivo que instalaba en un Banco Santander en junio de ese año. Meses después, en noviembre de 2011, Hans Niemeyer fue detenido a metros de una explosión contra un Banco BCI. Luego, en abril de 2012, lxs compañerxs Carla Verdugo e Ivan Silva fueron detenidxs en un control policial rutinario durante la noche portando un artefacto explosivo. Todos ellxs, tras enfrentar la prisión, resultaron con diversas condenas por ley de control de armas. Posteriormente, en febrero de 2013, el mismo día en que se produjo un atentado contra el reten policial en Las Vizcachas, fue detenido Victor Montoya, quien volverá a enfrentar un juicio tras haber sido anulada su absolución; la principal evidencia contra Víctor son “testigos sin rostro” que, supuestamente, lo vieron pasear cerca del reten en automóvil.

A kilometros de distancia, lxs compañerxs Mónica Caballero y Francisco Solar- absueltxs en el Caso Bombas-, son detenidos en España en noviembre de 2013 acusadxs de una serie de ataques explosivos contra Iglesias. Los reconocimientos fotográficos y gran parte de los antecedentes que se encuentran en los expedientes son otorgados por el jefe de la ANI en ese momento, Gonzalo Yussef, quien viajó especialmente a España para colaborar con las policías en la detención de lxs compañerxs.

En ninguno de estos casos anteriormente expuestos lxs detenidxs aceptaron los ofrecimientos de la fiscalía para iniciar juicios abreviados, como tampoco fueron condenados por ley antiterrorista.

Junto a todo esto, en Diciembre del 2013, durante un intento de expropiación al Banco Estado, cae abatido el compañero anarquista Sebastián Oversluij, recibiendo los disparos de un miserable guardia bancario. En las inmediaciones fueron detenidos dos de sus acompañantes, quienes tras 6 meses de prisión preventiva, salen a la calle aceptando un juicio abreviado. Y en Enero de 2014, la compañera Tamara Sol Vergara es detenida por el ataque armado contra un vigilante de otra sucursal del Banco Estado.

Es importante señalar que en todos los casos mencionados, la historia de detenciones de compañerxs portando artefactos explosivos en Chile ha estado marcada por la fortuna de las policías y/o accidentes en el accionar de quienes manipulaban estos artefactos, y en ningún caso por las investigaciones o trabajos de inteligencia.
En su intento por golpear a entornos de lucha más amplios y diversos que la sola práctica de los atentados explosivos/incendiarios, los organismos represivos y los perseguidores de la Fiscalía sur aun sienten el orgullo herido tras la absolución de lxs imputadxs en el Caso Bombas y la imposibilidad de conseguir una condena bajo ley antiterrorista, quedando con un afán de revancha y de mostrar una ficticia victoria en próximas operaciones represivas. Eso ellos lo saben y en su impotente frustración ante la continuidad de nuevos ataques se reacomodan, se vuelven a fijar plazos, se vuelven a designar brigadas especializadas, se vuelve a crear el clima propicio para articular los próximos golpes represivos.

El enemigo se reordena…

Sin embargo, subestimar todo lo anterior, implicaría subestimar al enemigo y no entender hacia dónde pueden apuntar sus dardos en la actualidad. Si bien los aciertos que la inteligencia ha obtenido se han desprendido de situaciones fortuitas donde compañerxs han sido encarceladxs, heridos o caídos en acción, el aparataje del poder ha extraído lecciones y aprendizajes de ello, así como también de sus propios errores, y esta vez estará dispuesto a ponerlos en práctica para no fracasar en su objetivo: Castigo hacia todxs aquellxs que se enfrentan al poder.

A raíz de los últimos atentados (artefactos incendiarios en distintos puntos de la ciudad, algunos de ellos en el tren subterráneo), se han ejecutado reuniones de inteligencia con plazos para obtener resultados, reordenar las fuerzas, y aplicar políticas represivas que permitan identificar y encarcelar a lxs supuestxs responsables.

Bajo el discurso de la seguridad nacional y la lucha contra la delincuencia, el poder intenta convencer a la población de la necesidad de mayor vigilancia e inyecta recursos para contratar nuevos agentes y nuevas tecnologías. Bajo este mismo discurso de peligrosidad latente y cotidiana inseguridad el poder busca modificar su propio entramado legal al potenciar y agregar nuevos elementos a la ley antiterrorista, que permitan esta vez judicializar a lxs supuestxs responsables, buscando tipificar las acciones incendiarias y explosivas como ataques terroristas, todo esto para conseguir penas efectivas y ejemplificadoras tras las rejas.

El poder se pisa su propia cola en la retórica de respeto a la democracia y los derechos de las personas, buscando también hacer uso de agentes encubiertos para infiltrar y “desbaratar” a los supuestos grupos anti sistema detrás de los atentados, tal cual a la vieja usanza de la dictadura.

No defendemos la democracia, no queremos nada de ella, sabemos que el poder es perverso en su actuar contra quienes se rebelan, más aun hacia aquellxs que directamente le enfrentan, por lo que esperar un comportamiento ético del poder jamás será una opción para nosotrxs.

Hoy la inteligencia policial se va alimentando de nuevos datos, engrosando las carpetas con las cuales articula sus hipótesis contrainsurgentes: redes, vínculos, personajes y discursos son señalados, siendo nuevamente la prensa el instrumento propagandístico que deja entrever pistas de lo que hoy se está tramando.

Al igual que en agosto de 2010, lo que se busca golpear y exterminar es más que unos cuantos ataques incendiarios o explosivos, sino que a toda instancia de lucha que se posiciona en confrontación al orden existente.

Por eso otra de las tácticas de la inteligencia policial es aquella que busca aislar a los diversos entornos de lucha generando a través del temor un quiebre generacional que atente contra la continuidad de las experiencias de lucha.

Es sabido que los agentes policiales visibles –como los no tanto- realizan controles, interrogatorios a compañerxs más jóvenes, buscando así que estxs dejen de asistir a actividades o de establecer lazos con otrxs compañerxs, muestra del estilo y asesoría de organismos de inteligencia italianos (caso marini, caso cervantes). Saben que atemorizando a compañerxs que se acercan a las ideas anárquicas o antiautoritarias, impiden la continuidad de ideas, prácticas e historias de lucha por la libertad, aislando a las comunidades activas de lucha.

Todo esto debe ser asumido como maniobras propias del poder. Como guerrerxs debemos estar clarxs de cómo puede operar el enemigo sin sobredimensionar ni normalizar su actuar. No debemos bajar el nivel de nuestro discurso utilizando expresiones como “arbitrariedades, excesos o abusos de poder”, debemos saber leer el contexto.

Cuando sube la marea, no todos los barcos se elevan…

….Cuando acecha o golpea la represión, algunxs sucumben hundiéndose, despedazándose o perdiendo el rumbo, completamente desorientadxs. Por ello nos parece significativo no solo dar cuenta de lo que indudablemente ocurre en términos represivos, sino que además, afirmarnos en nuestros pasos para continuar el camino de la confrontación, porque de eso se ha tratado siempre la lucha, de no abandonar jamás.
No nos definen los tiempos del poder, ni sus golpes o condenas, nos definimos nosotrxs mismxs en el universo de decisiones de guerra que vamos tomando. Somos el peso innegable de la coherencia entre el acto y la palabra. Así entonces, cuando el Poder acelera el tranco represivo, nuestras palabras y convicciones antiautoritarias no se deshacen o diluyen camufladas. Por el contrario, éstas se elevan guiando nuestro caminar.
Se trata entonces de no dar pasos hacia atrás, cediendo terreno al enemigo, a lxs poderosxs de cualquier uniforme u oficio, se trata de no invisibilizar o normalizar las jugadas que emanan de la represión, pero tampoco caer en la histeria que propicia el desbande y alimenta el miedo.
Asistimos en el presente a nada más que las prácticas continuas del Poder, que se siguen utilizando en la medida en que encuentren fisuras por donde carcomer los compromisos de guerra, primero con unx mismx y luego con el conjunto de compañerxs.
Por ello se vuelve importante fortalecer cada espacio/instancia arrebatada a las lógicas de la dominación, fortalecer cada práctica de ofensiva, afianzar los lazos entre compañerxs y extender las redes de complicidad.
Es importante avizorar la embestida represiva y tomar las medidas que hagan falta, pero nunca dejarse derrotar dando pasos de desmarque o acallando nuestra voz. Así nos mantenemos unidxs como entorno difuso, respetando la autonomía pero compartiendo la fuerza común contra el poder.
Se trata de hacernos más fuertes, más ìntegrxs, convencidxs y clarxs en la propuesta/compromiso de que en la lucha contra el poder no hay tiempos muertos. Así los golpes represivos, amenazas o artimañas de cualquier tipo no solo no logran su cometido, sino que por el contrario, alimentan nuestras certezas contra la autoridad.
Seguir existiendo firmes, convencidxs y aportando desde el acto concreto a la revuelta, es de por sí una victoria que desactiva el mecanismo creado para detenernos.
El pulso de la guerra social se eleva y con ello también suben y se dotan de cualidad nuestros aportes. No pedimos ni esperamos “garantías democráticas” de quienes pretenden aniquilar la presencia que desafía el orden impuesto, entendemos el combate enmarcado en un continuo histórico de lucha, donde un paso de ofensiva o un retroceso, va configurando futuros escenarios, y es necesario ser consciente del papel que cada unx juega en ello.
Así entonces cuando llega el cara a cara con el enemigo, nuestras convicciones nos mantienen la cabeza en alto, nunca sometidxs, nunca derrotadxs.
Sin miedo a las amenazas, en práctica continua de lucha por la liberación total.
Ánimo compañerxs, no podrán pararnos…

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